Buscar en este blog

viernes, 27 de enero de 2017

Buen viaje, Bimba!

Buen viaje, Bimba!

No te conocí, ni personal ni mediáticamente y sin embargo, comparto más cosas contigo que con, por ejemplo, mi vecina del 1°.
Hablo de esa enfermedad cabrona que se ceba en nuestro sexo. Hablo de sufrimiento y esperanza, del abismo del miedo, de aceptación, de incertidumbre y entereza, de estupor y de los agujeros negros del alma. Hablo de ti, hablo de mí y hablo de miles de mujeres más; mujeres jóvenes, maduras, guapas, feas, rubias, morenas, anónimas, famosas... Mujeres.

No me importa lo que creyeras encontrar al otro lado (si es que creías en algo) porque no tengo derecho a cuestionar tus creencias, tus esperanzas ni tus miedos, porque solo conozco una parte infinitesimal de lo que hay a este lado, al lado en el que ya no estás.

Sé, por ejemplo, que hay gente amable, en el sentido más literal de la palabra- es decir, dignos de ser amados- y gente despreciable.
Entre estos últimos, los despreciables, se cuentan los guardianes indiscutibles de la verdad: de la verdad aquí, a este lado, y la verdad allí, al otro lado.

Sí, hablo de Antonio Burgos y Salvador Sostres y de todos los Antonios Burgos y Salvadores Sostres de este mundo, de todos los que, estando aquí, merecerían estar allí; de los que hablan porque tienen boca o escriben porque tienen dedos, de los que hacen cruzada sobre el dolor ajeno, de los que hacen de su incapacidad un dardo envenenado, de los arrogantes, de los que tienen una almorrana donde deberían tener la amígdala, de los irrespetuosos, insensibles y oportunistas. De ellos hablo. Y de ti. Y de mí. Y del cáncer. Y de la muerte. Y del respeto.

No, no aceptamos el odio de los despreciables, no compramos sus arengas pro-cristianas ni su irreverente ironía, su cruz y su espada, sus palabras podridas, sus deshechos neuronales, los despojos de su alma. No. Ni tú, ni yo, ni los que amamos. Ni los que nos aman.

Ellos, los despreciables, pretenden que estemos donde ellos deciden que hemos de estar, incluso, cuando ya, sencillamente, no estamos.

Buen viaje, Bimba!





No hay comentarios:

Publicar un comentario